
Huaraz en Línea. - Un dolor de garganta, una molestia estomacal o un dolor muscular suelen llevar a muchas personas a recurrir a las pastillas que tienen en casa o a lo que les recomienda un familiar o un conocido. Sin embargo, tomar un medicamento sin evaluación médica no es un gesto inocuo: puede ocultar síntomas, retrasar un diagnóstico oportuno y, en el caso de los antibióticos, contribuir a un problema de salud pública.
Para la Dra. Denisse Champin, decana de la Facultad de Medicina de la UTP, el principal riesgo es que un medicamento no solo trata síntomas, sino que puede modificar el cuadro clínico de la persona. “Muchas enfermedades comparten síntomas parecidos y solo una evaluación médica permite distinguirlas. Cuando alguien se medica por su cuenta, puede aliviar la molestia por un tiempo, pero la enfermedad de fondo sigue avanzando y llega a la consulta más tarde y más complicada. El medicamento correcto es aquel que se indica después de un diagnóstico, con la dosis y la duración adecuadas para cada paciente”, señala.
La automedicación se presenta con mayor frecuencia en personas con enfermedades agudas de tipo respiratorio, intestinal y muscular, para las cuales se suelen usar antibióticos y antiinflamatorios no esteroideos. Esta práctica puede impedir un diagnóstico certero y, al no recibir el tratamiento apropiado, la enfermedad podría agravarse e incluso conducir a la muerte. También señala que muchas personas, en lugar de consultar a un médico, siguen las recomendaciones de amigos y familiares.
El uso de antibióticos sin indicación médica es uno de los casos más delicados. La Digemid explica que emplearlos para enfermedades virales, como la gripe o el resfrío, puede generar efectos secundarios y resistencia, y neutralizar su efecto terapéutico. Este fenómeno, conocido como resistencia a los antimicrobianos, ocurre cuando las bacterias y otros microorganismos dejan de responder a los medicamentos, lo que vuelve más difícil tratar infecciones comunes.
Ante cualquier malestar, los especialistas recomiendan acudir al centro de salud más cercano o consultar a un médico, quien luego de la evaluación emitirá un diagnóstico e indicará el tratamiento. Una vez recetado, este debe cumplirse respetando los horarios y las dosis.
Consultar antes de medicarse permite identificar la causa real del malestar, evitar efectos adversos y asegurar que el tratamiento sea el adecuado para cada persona. Además, es una forma concreta de contribuir a que los antibióticos sigan siendo eficaces cuando realmente se necesiten.




